Colombiano dona órgano, arma un mierdero y bate récord

El colombiano Hernando Martínez Daza acaba de imponer un nuevo récord Guinness: armó un embrollo jurídico a los cuatro minutos exactos de haber entrado en vigencia una ley, concretamente la 1805 de 2016 sobre donación de órganos (que a partir del sábado 4 de febrero de 2017 convirtió a todo colombiano en donante obligatorio, a no ser que en vida manifieste lo contrario mediante documento firmado ante notaria y registrado en el Instituto Nacional de Salud).

Nunca antes en la historia nacional (o internacional) alguien había armado un enredo jurídico en tan corto tiempo. Lo normal es que los líos surjan después de uno o más meses de haber nacido la respectiva normatividad. Pero Colombia es Locombia
.

Hernando Martínez, un jubilado de figura menuda y escasos 1,63 de estatura,  tiene como hobby asistir  a las barras del Capitolio para presenciar en vivo los debates de proyectos de ley. El hombre de piel morena y barba cana venía siguiéndole con particular atención la pista a la norma que regula la donación obligatoria de órganos. Fue así como en el mismo instante en que la disposición entró vigencia, presentó ante el Instituto Nacional de Salud (INS) un documento que venía preparando de tiempo atrás, cuyo texto pone de presente no solo la generosidad de Martínez sino, sobre todo, su gran humildad.


Señores
Instituto Nacional de Salud
Ciudad

Hernando Martínez Daza, mayor de edad, identificado con cédula de ciudadanía 34.675.687 de Bogotá, manifiesto a ustedes que es mi deseo póstumo donarle uno de mis más queridos órganos al afamado futbolista Faustino Asprilla, a quien no conozco ni creo que llegue a conocer personalmente.  

Hago esta donación, no por vanidad ni por presumir de mayores talentos que el citado deportista, sino por motivos reivindicativos. Me explico: quiero que el 'Tino' tenga a su disposición una herramienta normal, decente y de proporciones discretas, para que le demuestre al mundo que lo importante no es el tamaño, sino el tino, el bailao y la maña. 

¡Qué Asprilla deje en alto el nombre de aquellos que nacimos gigantes de corazón y algo enanos de bragueta, es mi sagrado deseo post mortem!



Hernando Martínez Daza está feliz y satisfecho.  
Tiene en su haber dos récords Guinness. Por una parte, 
se convirtió en el primer colombiano en donar un órgano 
bajo la ley 1805 de 2016. Por otra parte, impuso un récord 
mundial en construcción de embrollos jurídico. A cuatro
minutos exactos de entrar en vigencia la ley de donación 
de órganos, puso a juristas y funcionarios a discutir 
acaloradamente sobre su alcance.  
   


El contenido del escrito desató una fuerte polémica de orden jurídico en el mundo de los trasplantes. Complejos interrogantes saltaron a la mesa:

1. ¿Puede legalmente el donante de un órgano señalar como única beneficiaria a una persona determinada que, por su parte, no ha manifestado interés alguno en ser receptora del órgano ni tampoco médicamente lo necesita?

2. La ley señala que debe crearse una lista de pacientes en espera de una donación de órganos, lista que el Instituto Nacional de Salud vigilará estrictamente. ¿Constituye el señalamiento particular de la persona beneficiaria del órgano donado, un grave desconocimiento de la mencionada lista de espera? ¿Puede el donante "saltarse" tal lista, como quien se salta la registradora de una estación de Transmilenio?

3. Según la ley,  se debe registrar ante el INS el documento mediante el cual una persona manifiesta de manera expresa su negativa a convertirse en donante de órganos después de su muerte. Pero, ¿puede registrarse ante dicho instituto aquellos documentos en los que una persona declara positivamente su deseo de ser donante de órganos?

4. Cuando una persona expone expresamente su deseo de donar un órgano específico, ¿debe concluirse que no desea donar sus demás órganos? ¿O por el contrario, se presume que también los quiere donar?

El debate se puso al rojo vivo. Interesantes y acaloradas discusiones bizantinas se generaron en torno al asunto. No faltó quien dijera que el tema se convertiría en uno de los ejes del debate de la campaña presidencial del 2018.

Algunas personas, con gran perspicacia,  manifestaron que el debate desencadenado no era más que una cortina de humo para tapar el escándalo de Odebrecht.

Entonces surgió una nueva discusión: si se trata de una cortina de humo, de quién procede: ¿del Gobierno o del uribismo?

¡Del uribismo!, respondió en coro un grupo, apoyándose en un serio indicio: Hernando Martínez guarda un leve parecido con Uribe por su discreta estatura de 1,63 metros.

¡Del santismo!, replicó otro grupo de personas, basándose en el hecho de que la esposa de Martínez lo supera en estatura, tanto como la señora Tutina supera a don Juan Manuel.

La discusión subió de temperatura. El tema cada vez interesaba a más y más gente. El mundo de los trasplantes estaba convulsionado.  Hasta que repentinamente apareció un aguafiestas de profesión: el abogado barranquillero Eusebio Contreras. De un solo golpe puso fin a la discusión, expresando un contundente argumento:

"Mandan cáscara. ¡Dejen tanto bololó! Todas esta discusiones carecen de sentido. La ley 1805 enumera taxativamente los órganos que se pueden donar después de colgar los tenis. Entre ellos no está incluido la 'guasamayeta'. Así, pues, la donación hecha por Martínez es improcedente por sustracción de materia y de manguera, no joda".

@dicksalazar





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