Con las pilas puestas. Cuento corto de @StBadger

Mientras se afeitaba y escuchaba las noticias en la radio, Antolín pensaba en su situación: con una mísera pensión tenía que afrontar un juicio que claramente no era justo.

Su único pecado era haber sido uno más de los tantos que solo habían podido estudiar hasta que fue llevado por su padre a trabajar al campo. Era la costumbre de la época, cuando la economía apremiaba (y en esa época sí que apremiaba y mucho).

Trabajó como un esclavo y como pudo logró al final de sus últimos años laborales que se le incluyera en el régimen de pensiones nacional.


Recordó el día que le entregaron un folleto en la sala de la Casa de la Cultura en el pueblo donde había vivido toda su vida.

Antolín terminó su ritual de afeitarse y procedió a desayunar (aunque sin apetito, no era para
menos) .

El folleto estaba sobre la mesa, lo volvió a leer. Era un folleto del ministerio del Medio Ambiente que instaba a todos los ciudadanos con sensibilidad social a que protegieran la naturaleza, cuidaran de su entorno y su hábitat . "No contamines, arroja los desechos nocivos solo en sitios autorizados", era el lema de aquella campaña.

Como jubilado, Antolín se había propuesto aprovechar su tiempo libre haciendo algo con lo cual sentirse orgulloso: aportando un beneficio a la comunidad, recogiendo las pilas ya usadas.

Para ello recorrió durante mucho tiempo la ribera del río que bordeaba su pueblo. Ese era el lugar donde habitualmente la gente celebraba toda clase de eventos y festejos, y en consecuencia, donde dejaba la mayor cantidad de basura contaminante (plásticos, envases y, por supuesto, las pilas desechadas)

Escogió las pilas, porque no pesaban, la verdad sea dicha; pero al cabo de unos meses acumuló tal cantidad, que se necesitaba un gran espacio para almacenarlas. Fue así como empezó a usar como bodega una habitación que no utilizaba en su vivienda.


Nada más peligroso que el cadáver de una pila. Es el único animal
 metálico que en su proceso de descomposición orina sobre la tierra
metales pesados capaces de contaminar miles de litros de agua
superficiales y subterráneas.
 


Cuando decidió llevarlas al sitio dispuesto por la alcaldía para su recolección, ¡se lo impidieron! Le dijeron que esa cantidad de pilas superaba lo dispuesto por el municipio; que él era una persona física, y que esa cantidad de pilas correspondían más bien a un desecho industrial; que su deber era inscribirse como "generador masivo de desechos" y como tal, solicitar un permiso para deshacerse de ellas, llevándolas a un deposito especial que está en la capital (a 280 kms ).

Fue a la alcaldía. Hizo colas y antesalas eternas, diligenció kilómetros de formularios, y ya casi al borde del colapso, logró que le dieran una autorización especial para depositar la carga de pilas toxicas en la capital.

En el camino hacia la gran ciudad, una patrulla de la policía lo detuvo. Después de revisar la carga, los agentes lo arrestaron. ¿La razón? Faltaba el formulario con la autorización especial para el transporte de cargas toxicas. Pero el asunto no paró allí. Al comandante de la patrulla le pareció que todo encajaba en el delito de "tráfico ilegal de desechos tóxicos".

 -Las pilas están compuestas en un 30% de elementos químicos considerados como tóxicos para la salud y el medio ambiente, como el mercurio, cadmio, níquel y manganeso. Transportar sin permiso una tonelada de este veneno asesino, en una vieja camioneta y a altas horas de la noche, resulta muy sospechoso -le dijo el policía al sorprendido Antolín, antes de ponerle las esposas, primer paso hacia el espinoso y triste camino de los estrados judiciales que habría de recorrer durante meses.

Todo concluyó aquella mañana en que Antolín, después de afeitarse, desayunaba con desgano mientras pensaba en la injusticia del juicio que afrontaba. Cuando su abogado llegó a recogerlo para asistir a la cita en el juzgado, lo encontró recostado sobre la mesa con el desayuno aun sin terminar, y el rictus mortis en su rostro.

El alcalde del pueblo presidio el entierro de Antolín. Le rindió un sentido homenaje y concluyó su discurso con esta frase a manera de epitafio:

“Amigo Antolín, te has marchado como los grandes: ¡Con las pilas puestas!"


Sergio Tejón G
@StBadger


El alcalde, en momentos en que pronunciaba su sentido
discurso en homenaje póstumo a Antolín. 




  

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