Doña Nariz. Por: @KatySalaDel

Doña Nariz está muy orgullosa porque dice que puede reconocer más de 10.000 olores.

A doña Nariz, salir de viaje es lo que más le gusta.

Dice que le encanta caminar por la naturaleza y percibir los olores del campo, de la tierra del camino; la higuera su preferida.

Dice que ir a la playa de vacaciones tiene olor a mar, a bronceadores, a toallas mojadas, a sudor, a fruta fresca, a felicidad.



Dice que cada ciudad tiene su olor.

Dice que a Estambul entró en barco y se olió que iba a ser una ciudad inolvidable. Y lo fue. Ciudad embrujada por las especias, que si jengibre, que si anís, que si orégano, que si comino, que si pimienta, que si tomillo, que si canela, que si cardamomo, que si laurel. Ningún olor a una especia en particular, todos mezclados estaban allí en el aire de las calles de Estambul.

Dice que en Tokio, en el desayuno del hotel, a las 8 de la mañana, esperando el aroma de café recién hecho, le sirvieron el desayuno tradicional japonés con pescado. Doña Nariz se arrugó y le olió a pescado todo el viaje




Dice que en Nueva Delhi, encontró contrastes. Cada vez que era invitada a una casa le olía a té, un té dulzón y si era la hora de la comida le olía a curry. Una vez en la calle, hacía mucho calor, doña Nariz percibía toda clase de olores, olía a suciedad, a estiércol, a sudor humano, a perros hambrientos. Podía percibir el olor de mucha gente que dormía en la calle. No obstante, doña Nariz cuenta que también podía percibir la paz de éstos seres humanos.

Dice que esperaba que en la Ciudad de los Muertos, en Egipto, donde los vivos viven en las tumbas de sus seres queridos oliera, a eso, a muerto. Pero, Doña Nariz confiesa que no, que olía a vida.

Dice que Bogotá huele a gasóleo, gracias a sus buses y busetas, que cada vez que Doña Nariz va de visita, le huele un poco más. Pero cuenta que cada mujer en Colombia hace de su casa un templo y que cada hogar huele a amorcito y a calor humano.





Dice que volver a casa después de un viaje es reconfortante, reconoce lo suyo, huele a su baño, a su cama, a su almohada, a sus libros, a sus recuerdos.

Ayer salió de cena por Madrid, olía a frío de invierno. Escuchó que abrían una buena botella de vino tinto. Doña Nariz se acercó una copa grande, unas cuantas vueltas a la copa, el vino se abre y todas esos maravillosos aromas viajan por el aire y ella se mete en la copa para cogerlos todos, muy afrutado, exactamente a frambuesa, estuvo en barrica mínimo un año, con cierto olor a roble…qué placer.

La pena, las calles del centro de Madrid un sábado en la noche huelen a basura, a descuido, a poco civismo.

Por último, Doña Nariz no cree en el amor a primera vista, dice que los ojos nos engañan. Ella cree en el amor a primer olfato. Y así entre olor y olor se va enamorando de las ciudades, de las personas, de las ideas, de la vida….


Katy Salazar

@KatySalaDel





   

1 comentario :