El cordón de la hermandad. Por:@RuthAbello

La idea general de hermano lleva implícito un sello de complicidad, es como poner a viajar la sangre por el sentimiento. No es el amor de eterna gratitud que se siente por los padres, ni es ese amor inconmensurable que se tiene por los hijos. (Ambos casos son amores desiguales, en el primer escenario nos quieren más y en el segundo queremos más).

El amor por el hermano es de tú a tú. A un hermano se le puede tratar de lo peor y con ese mismo ímpetu se le defiende. Nos reservamos un derecho exclusivo para despotricar de él y de decirle sandeces, pero eso sí, ¡Ay del que se meta con mi hermano!



Nada es tan doloroso como la afrenta de un hermano y por eso una reconciliación puede ser de las más duras. Seguramente las primeras peleas a mano limpia fueron con un hermano, como también los primeros secretos guardados. Secretos que se llevan hasta la tumba de la niñez (esa que llaman adultez) y que son develados con gracia y con carcajadas llenas de un pasado inocente.

Si hacemos cuentas y en el hipotético caso de que la vida transcurriera en ese orden natural, las relaciones más largas que sostenemos son entre hermanos. Cuando nuestros padres mueren, podríamos tener 40 ó 50 años (con suerte, la que yo no tuve cuando murió mi padre); cuando morimos, nuestros hijos también podrían tener 40 ó 50 (yéndonos bien); en cambio cuando perdemos a un hermano podríamos tener 70 (o algo así y suponiendo que él muera primero).

Además el hecho de crecer juntos aun siendo diferentes nos hace desarrollar una conducta "telepática" y de adquirir un lenguaje corporal que no tiene traductor, o de construir una comunicación en clave. Asumimos posturas bien elaboradas de defensor y a veces de defendido.

Ser hermano es jugarse el pellejo por el otro, como lo hacía mi hermana cuando se aparecía en el colegio con una carta hecha por ella, en la que reclamaban mi presencia de inmediato por asuntos familiares de suma importancia. Dado que soy tan ansiosa, la espera me ponía bastante intranquila, lo cual hacía más creíble la "película". La aprobación de mi salida temprano era exitosa. Ah, la escapada era para ir al estadio a ver jugar La Mechita.

Pero estos secretos y complicidades que se dan durante toda la vida, son tan sanos como nuestras conductas. Aquí no se trata de tapar delitos ni de ayudar a cometerlos, eso es otra cosa. Cuando la monstruosidad se apodera de una persona no tiene eco, a menos que haya un monstruo peor que haga la resonancia.

Un hermano puede ser de lo peor, pero eso no nos obliga a serlo también. No si somos una familia de bien, pero de las verdaderas familias de bien -que nada tiene que ver con dinero-, familias donde tenemos identificados los valores y sobre todo, el respeto por la vida. El buen hermano puede ir a la cárcel a visitar a su mal hermano, pero no, a librarlo de ella si lo merece.

Aquí traigo un ejemplo de ese caso: un excompañero de trabajo cometió un desfalco a la empresa en la que trabajábamos y al ser descubierto se andaba escondiendo. Cuando su hermano se enteró lo agarró a trompadas y le dijo: “Andá, poné la cara o si no, a la casa no volvés”. Mi excompañero asumió su culpa y su hermano lo ayudó a que devolviera hasta el último peso.

No estamos libres de defectos, ni de cometer errores y seguro que cada uno de nosotros tiene un guardado que lo avergüenza, una salida en falso que quisiera borrar, pero también es seguro que esa equivocación no compromete la vida de alguien inocente. Ahí ya no sería ni defecto, ni error; sería delito y no pilatuna.

A un hermano se le acompaña en la risa y en el llanto pero nunca en lo macabro, a menos que seamos peor de crueles. Si los recursos a los que apelamos por ayudar a un hermano delincuente son la mentira y el fraude es porque indiscutiblemente somos peores y nuestro alcance a la perversidad tiende a infinito.

Un hermano siempre está al lado aun estando ausente, unidos por un lazo invisible y casi tan poderoso como el cordón umbilical que nos une a la madre. Un lazo que nos identifica más que el tipo de sangre y que nos permite compartir el amor así como compartíamos la ropa.

Personalmente no justifico que un hermano mienta desmedidamente y se lleve por delante a otros por defender un apellido, una imagen, un prestigio. Esa actitud es una muestra de lo que está hecha una familia, en la que la maldad ha hecho parte de la cotidianidad. Eso no es hermandad.

Con un hermano se puede ser sólo compatible por ADN y eso no quita el amor y el reconocimiento dotado de nepotismo por el lugar que ocupa en nuestras vidas. Por un hermano se puede ir hasta el fango sólo para demostrar que él es la flor y no para enlodar a otro que es inocente.

Provenimos del mismo tronco del árbol genealógico pero somos diferentes ramas al fin y a cabo.


@RuthAbello

    

3 comentarios :

  1. Excelente publicación me identificó totalmente, y ahora que decir de los sobrinos esos seres que sentimos Unidos a nosotros por el mismo cordón umbilical

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  2. Yo perdí muchos hermanos, de esos que la vida te regala a los ventitantos. Los saguineos ahí están; tan lejanos como siempre.
    Un gusto leerte Ruth

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  3. No tuve hermanos de (papa y mama), pero si tuve primos-hermanos y creanme la complicidad,el amor y las peleas fueron las mismas que se viven con los hermanos.
    Muy buen escrito felicitaciones.

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