La envidia. Por: @Merv69

Dicen que los colombianos nos morimos más de envidia que de cualquier otra cosa. Esta frase la he escuchado muchas veces en mi vida. Hoy decidí investigar -con ayuda del profesor Google- el significado de la dichosa palabrita. Estas son un par de definiciones que encontré:

"La envidia es aquel sentimiento o estado mental en el cual existe dolor o desdicha por no poseer uno mismo lo que tiene el otro, sea en bienes, cualidades superiores u otra clase de cosas tangibles e intangibles".

"Sentimiento de tristeza o enojo que experimenta la persona que no tiene o desearía tener para sí sola algo que otra posee".


Según escribe Dante Alighieri en La Divina Comedia, el purgatorio es una montaña con siete terrazas cada una de las cuales corresponde a cada uno de los pecados capitales. En la segunda terraza habitan los envidiosos, quienes llevan los ojos totalmente cosidos  y visten ropas que los hacen indistinguibles del suelo para que no puedan ver nada y de esa manera nada puedan envidiar.

Es increíble la cantidad de estudios psicológicos, éticos y políticos dedicados a tan terrible palabrita. 


La envidia, según
Giusto Le Court (1627-1679)
A mí me dio por investigar sobre “estado mental” de la envidia, porque es la única explicación que le encuentro a que un terrateniente poseedor de miles de hectáreas le dé por ambicionar el minifundio de su vecino; o que un político que se gana una millonada mensual (y aquí confieso mi envidia) le dé por robar el erario, las EPS, y hasta los calcetines del honorable que se quede dormido en el sagrado recinto de nuestra democracia. 

Según los estudiosos del tema, la envidia lleva al que la posee a caer fácilmente en la calumnia. Me parece lógico: si usted es el terrateniente del cuento -y todavía siente cierta pudor para mandarle unos sicarios a su vecino-, pues se inventa un buen problema de linderos, paga a un abogado y afirma vehementemente que le corrieron la cerca y le robaron doscientos metros.

Si a algún honorable político lo acusan de peculado, pues su mejor defensa es el ataque. Se rasga las vestiduras, dice que es impoluto y que al demandante hay que llevarlo a las altas cortes por calumnia. 

Se crea así un círculo vicioso en donde se involucran los abogados, que no dan abasto atendiendo tanto cliente y ni qué decir de lo ocupados que están los jueces con tantos folios y casos pendientes de fallos. ¡Gente de bien que llaman! 

Los proceso judiciales se alimentan de todas aquellas artimañas que se utilizan para violar la ley, lograr vencimiento de términos y en últimas, cuando el caso es imposible de ganar, obtener la mansión o la hacienda por cárcel.


La envidia, según
Théodore Géricalut (1791-1824)
Los griegos consideraban que la envidia provenía del “mal de ojo” y para salvar a sus hijos de éste, les untaban a los niños un poquito de aquel residuo que se encuentra en los baños. Nuestros campesinos utilizan un “ojo de buey” atado con un cordel, que se coloca como pulsera a todo bebé recién nacido. Al parecer, para curar de este mal a la “gente de bien” de este país vamos a tener que utilizar todo el residuo de los baños y todos los ojos de buey que nos puedan regalar.

Martha Elena Rangel
@merv59





     

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