La ira en la política colombiana, según @Merv59

La ira se considera como una fuerte alteración emocional que tiene consecuencias físicas: se sube la presión sanguínea, se acelera el ritmo cardíaco y se eleva las dosis de adrenalina. 

En la tradición mitológica la ira causaba repulsión. Dante les dedica el canto VII a las almas presas de la ira. Su castigo era atacarse entre sí a dentelladas por toda la eternidad. Los romanos representaban esta emoción con las furias, su número era indeterminado pero Virgilio clasifica a tres de éstas: 

Alecto, la implacable, era la encargada de castigar los delitos morales. Meguera, la celosa, castigaba los delitos de infidelidad; y por último, Tisífone, la vengadora, que se encargada de castigar los asesinatos.
La sicología moderna diferencia dos tipos de ira: 

a) La pasiva, denominada así porque la persona que la padece no sufre de alteraciones visibles. Manifiesta fobias y un gran espíritu de auto-sacrificio. 

b) La activa, que es explosiva con tendencias agresivas visibles y gran capacidad de sentir odio. 



LA IRA EN EL ZOOLÓGICO POLÍTICO COLOMBIANO

Muchos son los tipos de ira que se pueden identificar en el devenir del zoológico político colombiano. Actualmente los ciudadanos asistimos a diversas manifestaciones de ira entre expresidentes, senadores y funcionarios. Todo porque después de 52 años, logramos por fin un acuerdo con las Farc y se vislumbra la tan anhelada paz. Aventuro para ustedes una aproximación a esta tipología: 

Ira mesiánica. La padece todo aquel que se cree el salvador de la situación y jura que sin su intervención es imposible que la ciudadanía pueda actuar. Sus actitudes son violentas y califica de traidor a todo aquel que no repita obedientemente sus opiniones. Un ejemplo de sus estallidos sería: “¡Te voy a dar en la cara, señor homosexual!” Que conste: mejoro la frase por si un menor de edad lee estas líneas

Ira envidiosa. Quien la sufre, habla pausadamente y en voz baja para obligar a sus interlocutores a que le presten atención. No soporta que otros logren alcanzar los sueños que algún día él acarició. Le gusta que lo adulen, sus frases no son muy contundentes, viaja frecuentemente por toda Latinoamérica "salvando la democracia de la desgracia castro-chavista". Su mayor humillación, hablar con una silla vacía en el Caguán. 

Ira santa. En el canto VII de Dante aparecen muchos curas, cardenales y clérigos condenados por haber sido dominados por la ira. Conozco a muchos sacerdotes que ya se ganaron su puestico en esta clasificación. Pero hay también varios personajes seglares que consideran que la "dictadura homosexual castrochavista" es buena excusa para manipular a los feligreses asustados por el futuro de sus hijos. Organizan manifestaciones que tienen como único objetivo lograr visibilidad política. Su frase preferida: “Yo soy la esperanza de esta sociedad azotada por la inmoralidad”

Ira histérica. Las víctimas de este tipo de ira caen fácilmente en el populismo. Su indignación, aunque sincera, está marcada por las tendencias sociales y las conveniencias del momento. Luchan contra la injusticia y se entregan con pasión a toda clase de causas. Son volubles porque no tienen propuestas. Le cantan la tabla al que sea y la prudencia no es una palabra que exista en su vocabulario. Tienen graves problemas con la lealtad, más aún cuando sus copartidarios caen precisamente en las prácticas que ellos mismos denuncia. Su frase preferida: “Hay que iniciar una lucha frontal contra…” 

Ira ciega. Las personas que padecen este tipo de ira son el complemento perfecto para las clasificadas en la ira mesiánica. Son consientes de sus privilegios y temen perderlos. Han estudiado a fondo los discursos hitlerianos y los imitan constantemente en los recintos sagrados de nuestra democracia. Consideran que las Fuerzas Armadas se crearon para matar ruanetas y que la única manera de convivir en paz es construyendo muros que los separen del resto del mundo. Su frase más representativa es: No aceptaremos sanciones simbólicas para reclutadores de menores”. 

Ira bruta. No se trata de la palabrota. En esta clasificación se encuentran los políticos que resuelven sus conflictos a coscorrones. Consideran que su liderazgo y superioridad les permite educar a los demás a chancletazos. Utilizan el erario para lanzar su campaña política por todo el país. Cuando acuden a la palabra, y no se van a las manos, utilizan frases como: “La vivienda social no es para venecos”. 

Ira aduladora. Este tipo de alteración ataca particularmente a los jóvenes amigos del statu-quo que luchan por un puestico al pie del gran jefe. El fenómeno es tan triste como lógico, pues al caer en trance cuando lo ven, se encuentran con que para lo único que sirven es para cantar alabanzas o darle en la jeta a los opositores, pues todavía no han aprendido a pensar por sí mismos. Su frase favorita es: “No hay como mi líder, el doctor ha sido el mejor presidente de todos los tiempos”. 

Con las tipologías pasa como con las barajas, hay de todo. Ofrezco mis disculpas si dejé a algún honorable por fuera y no se encuentra debidamente representado. No fue mi intención. Muchos de los aquí mencionados le habrían hecho un gran bien al país si se retiran y desahogan su furia en otra parte. Pero no, Colombia no es tan de buenas. ¡Es triste!

Martha Elena Rangel

1 comentario :

  1. Como estarán los hígados y Corazones de nuestros Presidentes, Expresidentes y políticos Activos ??

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