Viva y feliz, una historia de @KatySalaDel

Clarita cumplió 60 años y por magia universal le cayeron 70.000 Euros. Eso es mucho dinero y no lo es, depende.

Clarita no se casó ni tuvo hijos, se dedicó a ejercer de tía. Se licenció en Derecho y desde entonces no ha dejado de trabajar. Disfrutaba de su trabajo, pero era sólo eso, un trabajo. Vivía en un apartamento, en Bogotá, más o menos cómodo, suficiente para ella. Decía que el amor le huía, pero que algún día llegaría.

Sus hermanos y sobrinos eran de lo opinión que con ese dinero podría comprarse un apartamento más grande en un sitio mucho mejor o una casa en la playa para que todos pudieran ir de vacaciones. Tomando decisiones estaba mi amiga Clarita. Nos pasamos la vida tomando decisiones.

Un día recibí una llamada de Clarita,

-Ni pisos, ni leches, me voy para Madrid.

Clarita siempre quiso profundizar sobre el tema de derechos humanos, así que se matriculó en un máster. Era la mayor de todo el curso, incluido los profesores. Estudió, hizo deberes, sufrió los exámenes e hizo buenos amigos. No desperdició ni un fin de semana. Ella los viernes salía con su maleta con o sin compañía bajo el lema: “cualquier pueblo de España tiene su encanto”.

Concluido el máster decidió apuntarse como voluntaria a una ONG. A Clarita la destinaron a trabajar en un proyecto que protege a los albinos de Tanzania. La pelea de los albinos es por su supervivencia y contra una terrible superstición. Hay quienes creen que las pociones hechas a partir de las extremidades de su cuerpo traen buena suerte y riqueza, o sus ojos vista a quién no la tiene o sus piernas fuerza. No hay peor enemigo que una verdad arraigada en un pueblo.

En Tanzania hay más de 17.000 albinos, que además de ser amuletos vivientes, mueren de cáncer en la piel antes de cumplir los 30 años.

Clarita, se comprometió con la causa y dio un paso más allá, se instaló en una zona rural de Tanzania durante dos años. Me contó que sirvió para todo y para nada. Desde comprar protectores solares y aplicarlos a los niños y a los adultos, escuchar la soledad de esos seres humanos que se siente aislados y diferentes, hasta trabajar en una campaña publicitaria para desmontar las malditas supersticiones que en los últimos tres años habían matado o mutilado a más de 70 albinos. En un lugar donde se respira escasez e injusticia, compartir y estar allí ya forma parte de la ayuda.





Me escribía frecuentemente y me decía que había mucho por hacer. Que cualquier ayuda era poca, pero que se sentía Viva y Feliz, que su profesión tenía sentido, no, no, no, que su vida tenía sentido.

Volvió a Madrid para el verano. Yo la encontré guapa, plena, satisfecha con su vida.

Y ese verano, último verano, tuvo su encanto. Cada noche, durante un mes, su plan de la tarde consistía en pedir un tinto de verano, sentarse en una mesa cercana al escenario y escuchar al pianista que daba su concierto en el Café de los Espejos. Y entre boleros y tangos, poco a poco se fueron haciendo amigos. Parece que hubo una corta y bella historia de amor. Clarita lucía radiante. El amor es un secreto que los ojos no saben guardar.

Fueron tres años infinitos. Clarita fue estudiante, viajera, comprometida cooperante, luchadora y amante.

Hora de volver a casa. El dinero llegaba a su fin.

Un mes después me llamó una prima suya. Me dijo que Clarita había sufrido un infarto fulminante. Yo realmente lo sentí mucho. Perder una amiga así es como morir un poco.

Que bien que su última decisión fue la de vivir y no la de aumentar el patrimonio de sus herederos. Clarita murió Viva y Feliz.


Katy Salazar
@KatySalaDel


   

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